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The Last Friend: defender perritos a golpe de beat 'em up

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A lo largo de su historia, el videojuego ha recurrido a todo tipo de supuestos para que nos embarquemos en sus aventuras. Saltar por infinidad de mundos y arrastrarse por tuberías insalubres con tal de rescatar a una princesa. Explorar el más intrincado de los castillos para batirse a muerte con un Drácula hipervitaminado. Arrasar con cientos de nazis porque, en fin, son nazis. Todos ellos son ganchos que han atrapado a millones de jugadores. Sin embargo, hay una premisa sorprendentemente poco explotada y a la que nadie, ni los nazis de Wolfenstein, serían capaces de negarse. Hablo de defender perretes, la misión universal de todo ser humano de bien. Por suerte, aquí está el desarrollo indie para saldar la deuda del videojuego con la protección de nuestros mejores amigos. The Last Friend parte de esa noble causa y, mezclando elementos del beat ‘em up con otros del tower defense, nos encarga la custodia de decenas de cachorros. Sí, hay cierto regusto a John Wick en todo esto.

La obra de The Stonebot Studio combina el frenesí de los “yo contra el barrio” con la mente fría que exigen los tower defense. Es un juego idóneo para los amantes de la multitarea y la estrategia, pero sobre todo para los adoradores de perretes. Su premisa jugable es simple: unos tipos horribles tratan de acabar con nuestros fieles compañeros y nosotros debemos impedirlo. Encarnamos a un hipster punk hipertrofiado que, pese a su apariencia ruda, tiene un corazón lo suficientemente tierno como para priorizar la vida de los cánidos antes que la suya propia. Y es que las oleadas de enemigos son incesantes, pero este héroe cuenta con sus puños como aliados. La vertiente beat ‘em up no tiene mucho misterio; consiste en apalear villanos con las manos desnudas como en los mejores tiempos de los 16 bits. En cuanto a la parte estratégica, varias torretas aguardan tras nuestras fornidas espaldas para acribillar a los contrincantes que se nos escapen. The Last Friend nos obliga a ser efectivos con los nudillos, pero también con la mente.

Sin innovar en ninguno de los dos géneros, la combinación que este indie hace de ambos sí es lo suficientemente refrescante como para darle una oportunidad. A ello contribuyen unas animaciones fluidas y un apartado audiovisual bastante coqueto. Qué demonios, incluso con píxeles toscos como los deltoides del protagonista sobrarían motivos para jugarlo. Trata de defender perros y no entiendo, ni como periodista ni como persona, que a alguien no le resulte suficiente para machacar botones. The Last Friend llegará a Nintendo Switch, PlayStation 4, Xbox One y a PC a través de Steam a lo largo de 2019.