Opinión: To The Moon y la mirada periodística

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Al contrario que muchos de mis compañeros, suelo recurrir al método deductivo para analizar un videojuego. Pocas veces tomo notas durante el periodo de juego, salvo para apuntar algún nombre o localización. La primera vez que me enfrento a la temida hoja en blanco, concibo el videojuego como un todo. A partir de ahí, empieza la deconstrucción. Desgloso el conjunto y separo el grano de la paja. Así detecto qué mecánicas ayudan a la solidez del concepto y cuáles chirrían. Pero lo prioritario es entender el título como un todo.

Antes no era así y penalizaba a las obras por errores mecánicos, gráficos o argumentales, sin reparar en su repercusión en el conjunto. Entendía los videojuegos como una suma de partes diferentes, por lo que me limitaba a desmembrar a las obras. Es como si para juzgar a una persona le arrancáramos las extremidades y sacáramos conclusiones sobre ella analizando sus miembros ensangrentados. Eso es lo que me había enseñado la prensa de videojuegos que leía.

Opinión: To The Moon y la mirada periodística

Pero la mirada periodística se educa y, por suerte, encontré en To The Moon a un valioso maestro. La obra de Freebird Games constituyó un precioso golpe en el estómago que me obligó a vomitar mis prejuicios. Así, gracias a ella aprendí a entender el videojuego como un tejido antes que como un batiburrillo de hilos.

Aceptémoslo, To The Moon no es un buen juego. No lo es porque renuncia a las mecánicas y, con esa decisión, renuncia a parte del potencial del mensaje ludoficcional. To The Moon, más que un videojuego, es una experiencia, un relato emotivo y una vivencia difícil de olvidar. Prima lo que quiere contar y, como dijo Jorge Fuentes en Anait Games, su fórmula responde a la narrativa interactiva, no a la interactividad lúdica.

To The Moon supuso un máster en tolerancia ante las propuestas de los videojuegos. Es Freebird Games quien impone sus ritmos y sus temas, por aquel entonces casi exclusivos del desarrollo independiente. Este indie fue mi primer contacto con una obra que entendiera los videojuegos como una forma de expresión y no como un mero entretenimiento.

Opinión: To The Moon y la mirada periodística

Así, educó mi mirada crítica, tutelándome con cariño para que dejara de ver gráficos y empezara a apreciar mensajes. Visto así, To The Moon me mejoró como periodista. La perspectiva es vital en mi profesión, pues el periodismo está obligado a distanciarse y aportar una visión amplia y diversa. Abrir mi mente posibilitó que Freebird Games me abrumara con un torrente de emociones muy diversas. Lloré, reí y temí. Nunca por separado, sino todo a la vez. To The Moon es una experiencia sinestésica, que entremezcla sensaciones con atino.

Ahora, Finding Paradise, su segunda parte, se acerca. Por eso mismo me niego a detallar nada de la historia de To The Moon en estas líneas. Habrá quien no lo haya jugado aún y jamás privaría a nadie de gozar de esta obra en la más absoluta virginidad ludoficcional. Como el juego, este texto es un cúmulo de sensaciones, una oda a la experimentación sin prejuicios. Hoy soy crítico y entiendo el videojuego como arte porque Freebird Games me pidió que mirara más allá del horizonte que conocía. Como periodista, To The Moon me regaló la Luna.