HTC Vive

Una semana con la realidad virtual: HTC Vive

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Desde hace millones de años el ser humano ha deseado vivir otras vidas. Tal ha sido el deseo de inventar y experimentar lo desconocido que hemos plasmado esos mundos en las paredes de las cuevas donde vivíamos, en las pieles con las que nos vestimos, en dibujos, pinturas, comics, cuentos, películas y por último videojuegos. Con la evolución de estos últimos años del casco con las dos pantallas y la puesta en escena de los tres grandes modelos de cascos en el mercado, ya podemos decir con total seguridad que tenemos un nuevo medio con el que poder vivir estas nuevas experiencias: la Realidad Virtual.

A nuestra casa ha llegado uno de estos casos: el HTC Vive. El casco creado entre Valve y HTC es el más imponente a nivel técnico de los tres, y habiendo llegado a este punto totalmente virgen del nuevo mundo, la verdad es que, como veréis, me he sorprendido mucho más de lo que esperaba.

HTC Vive

Instalarlo no es -pese a lo que parece en un principio- complicado. Las "gafas" necesitan ocupar una de las salidas de la tarjeta gráfica (puede ser HDMI o Display Port) y dos puertos USB en el ordenador. El kit viene con dos cubos que le sirven al sistema para posicionar en el espacio al casco y los mandos, pero van enchufados a la corriente y se comunican con el casco de forma inalámbrica. El mando es un palo alargado con un final en forma de aro, tiene un pad en el centro, dos botones redonditos, un gatillo y un botón lateral -se pulsa apretando el mando-.

En las instrucciones -digitales- te indican que los sensores han de colocarse en una zona elevada, de al menos dos metros de altura, pero las ansias de probarlo han hecho que los hayamos colocado encima de dos mesas de poco más de un metro de alto -por probar-, funcionando todo perfectamente (si nadie se pone a verte hacer gestos tontos entre tú y los sensores). Bajamos los drivers y ejecutamos la aplicación de configuración de la habitación (o de estar de pie y sentado sin moverse, según el espacio que tengamos), nos ponemos el casco y comienza la magia.

Si tuviese que explicarle a un jugador de videojuegos que es la Realidad Virtual le diría que es como estar viendo una película en 3D en una pantalla esférica que nos rodease por todas partes y que además tengas en las manos unos mandos de la Wii hipervitaminados. Así de claro.

Lo primero que te sorprende es la capacidad del cacharro de enseñarte en la pantalla dónde están los mandos en el mundo virtual, que por supuesto ocupan el mismo lugar que en el mundo real, con una actualización totalmente instantánea, sin retardos, perfecta. Además, en el mando virtual podemos tener información "aumentada", como posibles botones de colores en el círculo háptico, luces de carga de la batería o lo que quiera cada juego.

HTC Vive

No hay experiencia mejor para entrar en la Realidad Virtual que la aplicación/demo creada por Valve. Empiezas todo en una especie de comedor/cocina, estás en una habitación inmensa, las paredes están muy lejos y el techo llega más allá que cualquier otro techo en el que hayas estado en la vida. De golpe se mueven todos los muebles y empiezan a desaparecer bajo el suelo, oyes un ruido detrás, te giras y ves al robot "pelota" de Portal 2 que sale de una canasta y nos empieza a explicar de qué va esto de la Realidad Virtual. De pronto te encuentras hinchando globos de colores con el gatillo del mando, golpeándolos y sintiendo perfectamente como eres tú realmente el que golpea los globos, ya estás dentro de ese mundo, ya no quieres salir, estás flipando y no puedes dejar de pensar en todo lo que puede venir detrás. Te quitas el casco, recuerdas que tienes que respirar, dejas el casco en el sofá y ya en el mundo real, empiezas a soñar.

En los próximos días os explicaremos más cosas sobre lo realmente importante del tema: los juegos.