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Gamescom 2016 - Mother Russia Bleeds

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La estela de los beat’em up clásicos es de esas que parece no tener fin. Las décadas se amontonan y no da la sensación de que se haya progresado tanto desde Double Dragon o Final Fight. Tal vez la fórmula ya fuese buena desde el principio, pero la eterna sensación de dejà vu que se repite incluso con Mother Russia Bleeds no debería ser positiva, no si crees que un género debe experimentar cierta evolución. Todo en esta obra huele deliberadamente a añejo.

Desde el multijugador local extensible a cuatro jugadores hasta las fases que terminan contra un gran jefe, todo te suena. Golpe, golpe, golpe y patada. Activas el stunt y dejas que tu compañero termine el combo... siguiente oleada. Es como estar en casa, casi te nace el instinto de buscar pechugas de pollo por el asfalto. Aquí están suplidas por unas jeringuillas experimentales que podemos recargar de ciertos enemigos vencidos.

Y digo experimentales porque estamos en una Unión Soviética alternativa en la que la experimentación severa con humanos está a la orden del día; creo que en la original no llegaron tan lejos. En Mother Russia Bleeds el martillo y la hoz nos la ha jugado y vamos a devolvérsela. Los cuatro personajes y los ocho niveles del juego pueden dar pie a pensar que anda algo corto de contenido, aunque mientras lo jugábamos nos han confirmado que todos son bastante más largos que el inicial, y hemos estado más de diez minutos con él. En modo fácil.

En definitiva, estamos ante un producto que apela más que nada a los nostálgicos, aunque también sirve de introducción rápida a un género capital en la historia del videojuego. A los mandos funciona bien, incluso en un cooperativo que se está barajando ser también en línea. El capital hablará. Lo han llegado a llamar el Hotline Miami de scroll lateral. Por lo probado son palabras que parecen venirle grandes, aunque insisto en que es un videojuego muy cómodo en su propio género. No nos vendrá a romper la cabeza, hará que las rompamos nosotros.