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Gamescom 2016 - Shadow Warrior 2

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La readaptación a la nueva generación de Shadow Warrior solventó la papeleta. Si bien no vino a reinventar nada ni a hacerse oír, sí que ofreció la diversión suficiente como para justificar su compra. Sus más de diez mil valoraciones ‘muy positivas’ en Steam lo avalan. Ahora, tras apenas 3 años desde su reaparición, Shadow Warrior 2 se apoya en unas mecánicas asentadas para tratar de desarrollar todo su potencial.

Estamos ante una franquicia que tiene como bandera la violencia más gratuita e inocente, que no boba. Por poner un ejemplo, puedes congelar a una horda entera de enemigos y recrearte destripándolos con la motosierra. Poco después, hacerte invisible mientras activas un hechizo que les eleva del suelo y ponerte a cortar piernas con la katana como si fuesen ramas de bambú.

Pero para que salga bien hay dominar el timing. De hecho es necesario, teniendo en cuenta la inferioridad numérica con la que habitualmente te vas a encontrar. De esta manera tenemos una mezcla tan loca como curiosa entre Dishonored y Doom que funciona especialmente bien en esta segunda parte.

Esta continuación viene, como su antecesora, a cumplir con lo que se le pide. Aunque el menú de habilidades y la rueda de armas te incitan a lucirte –hay un buen puñado y todas ellas son un espectáculo visual-, también sientes que todo tiene su uso específico, que nada sobra. Los enemigos se rigen por tipologías elementales al igual que tu armamento, así que hay que buscar ser lo más efectivo posible con cada uno de tus ataques.

Como broche de oro tenemos una ambientación que mezcla los típicos paisajes naturales japoneses con sus respectivos templos y unas ciudades con un marcado estilo cyberpunk. Porque sí, somos el típico héroe de charscarrillo fácil que viaja en un coche de gama alta pero que también apuesta por los métodos más tradicionales de lucha. Aunque, como digo, Shadow Warrior 2 no viene a ser contundente con su historia. Esto va de cortar extremidades y usar un poco -no demasiado- la cabeza antes de apretar el gatillo. Y por lo probado, creedme que funciona.